Matrimonio - Boda Cristianas Evangelicas
https://www.facebook.com/groups/70266508416/
Los cristianos creemos que el matrimonio fue creado por Dios para el bienestar de los seres humanos y la continuación de la humanidad. Dentro del matrimonio Dios creó la institución perfecta de la familia. En las familias cristianas los hijos nacen del amor mutuo entre los esposos y son acogidos con alegría. La misión de los padres es cuidar y formar a sus hijos como buenos cristianos. De esta manera, las familias participan en la tarea que Dios nos ha encomendado. Esta es la de evangelizar, difundir la palabra, diciendo que Dios nos ama y que su reino está entre nosotros. Es importante que Dios sea la base de cada familia. La familia cristiana que prescinde de Dios en el matrimonio suele acabar mal. Si la vida conyugal no se basa en el amor a Dios y en el amor mutuo, se puede trasformar en una vida egoísta. San Pablo, en una de sus cartas a los Corintios, les dice que el amor verdadero no debe ser egoísta. Por el contrario, debe complacerse en el bienestar y felicidad de los otros. Demostrará ser un buen cristiano el que no guardar rencor a su cónyuge ni a los hijos. Cuando hay desacuerdos se deben aclarar los problemas lo antes posible y perdonar.
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Los cristianos creemos que el matrimonio fue creado por Dios para el bienestar de los seres humanos y la continuación de la humanidad. Dentro del matrimonio Dios creó la institución perfecta de la familia. En las familias cristianas los hijos nacen del amor mutuo entre los esposos y son acogidos con alegría. La misión de los padres es cuidar y formar a sus hijos como buenos cristianos. De esta manera, las familias participan en la tarea que Dios nos ha encomendado. Esta es la de evangelizar, difundir la palabra, diciendo que Dios nos ama y que su reino está entre nosotros. Es importante que Dios sea la base de cada familia. La familia cristiana que prescinde de Dios en el matrimonio suele acabar mal. Si la vida conyugal no se basa en el amor a Dios y en el amor mutuo, se puede trasformar en una vida egoísta. San Pablo, en una de sus cartas a los Corintios, les dice que el amor verdadero no debe ser egoísta. Por el contrario, debe complacerse en el bienestar y felicidad de los otros. Demostrará ser un buen cristiano el que no guardar rencor a su cónyuge ni a los hijos. Cuando hay desacuerdos se deben aclarar los problemas lo antes posible y perdonar.
Vivimos en una sociedad materialista que nos trata de convencer que las
desavenencias se olvidan con un regalo. Sin embargo, está más que comprobado
que no es así. Los desacuerdos se deben solventar hablando sobre el tema y
demostrando que el amor vence los obstáculos e incluso suaviza los caracteres
diferentes. Un matrimonio verdaderamente cristiano dará paz y confianza a los
cónyuges y a los hijos. Cada uno de los cónyuges deberá preocuparse más del
otro que de uno mismo. Y se apoyarán mutuamente el uno en el otro. Las buenas
maneras y la comprensión podrán dar alegría y paz dentro del matrimonio.
La iglesia nos dice que Dios tendrá que estar presente en el
matrimonio. Y ambos cónyuges se esforzarán para que Dios presida el hogar. La
oración es muy importante en él. Los esposos deberán ir juntos a la Misa del
domingo. Y cuando vengan los hijos deberán ir con ellos, dando ejemplo, con su
constancia, de su amor a Dios. Será también muy eficaz rezar en la casa con los
hijos recordando el proverbio que dice: "familia que reza unida, permanece
unida".
Los hijos son el don más precioso que Dios da al matrimonio. En los
hijos, los padres hallan el reflejo de su amor. Recuerden siempre que cada hijo
es único, que aunque traen problemas, los hijos siempre son hijos, a pesar de
todo.
Es importante que los que van a formar una familia, como ustedes ahora,
vean honestamente la misión de la familia. Dios nos ha creado por amor y para
el amor. Precisamente en la familia debe perdurar el amor y el respeto mutuo.
La Biblia nos relata que en el Paraíso Dios creó el matrimonio como un
sacramento natural. Cuando vino Jesucristo al mundo elevó el matrimonio a la
dignidad de sacramento divino. Cristo lo convirtió en un sacramento
sobrenatural, en un signo externo de la gracia de Dios que reciben los esposos
al contraer el matrimonio sacramental. Dios dará a cada uno de ustedes, si le
siguen con fidelidad, la gracia necesaria para crecer y madurar en el amor, en
la responsabilidad, y en la entrega total. Podrán superar el cansancio, las
tensiones, incluso las desilusiones que puede traer la convivencia diaria.
Pero no tengan miedo. Formen su familia en la gracia de Dios y déjense
llevar por su amor. La Iglesia estará siempre con ustedes. Les ayudará con sus
oraciones. Que Dios les bendiga en este matrimonio y les concede la paz y el
amor que todo ser humano merece, especialmente ustedes que van a formar su nuevo
matrimonio en Dios.
Queridos N. y N., vienen ante el Altar del Señor a contraer el
matrimonio. Así ha llamado la Iglesia desde el principio a la vida íntima de
comunidad y amor conyugal en que un hombre y una mujer dejan a su padre y a su
madre, a sus amigos y toda su vida anterior para “formar una sola carne”. (Mt
19,5) La decisión libre y personal que han adoptado es la misma adoptada por
muchas otras parejas a través de los siglos. Es un compromiso de amor. Ustedes
se aman mutuamente y quieren seguir amándose el uno al otro para siempre. Por
esta razón desean entregarse el uno al otro plenamente y sin condiciones hasta
que la muerte les separe.
Darse mutua y exclusivamente es la experiencia clave para comprender
el misterio del amor que actúa de forma única en el matrimonio. Desean dar todo
lo que son y tienen incluyendo sus personas, sus cuerpos, sus almas, y sus
corazones. O sea, toda la vida, por toda la vida, con gratuidad y generosidad.
De su mutua donación probablemente surgirá el don de nuevas vidas, el don de los
hijos. Así es el amor conyugal auténtico cuando se manifiesta en la vida de los
cristianos. El amor conyugal cristiano es un amor dispuesto a dar todo a favor
de los hijos, fruto de sus entrañas. Ustedes se han decidido unirse en
matrimonio para que este amor gratuito y fecundo abunde en su vida. San Pablo
nos dice en su Carta a los Corintios cual es el secreto de ese amor: “el amor es
comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se
engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no
se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites,
cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa
nunca”. (1 Cor 13, 4-8)
¿Es
posible que existe amor como este? El mundo en que vivimos nos dice que no.
Nos dice que en la vida matrimonial y familiar cada miembro de la familia tiene
el derecho de aislarse de los otros, de tratar de superar a los otros, de ser el
más importante. Pero Dios nos dice que esto no es la manera que actúan los que
dicen que son sus seguidores. Dios es amor. Dios es el amor creador y
redentor. Y Dios ha creado al ser humano, hombre y mujer, para participar en su
plan de amor y de vida, de felicidad eterna y gloria. Sin embargo, el mundo en
que vivimos trata de separar el amor de la vida conyugal. Trata de frustrar el
matrimonio olvidándose que este es la creación de Dios mismo y no un invento de
la raza humana. Dios Padre mismo creyó el matrimonio en el Jardín de Edén como
un sacramento natural. Pero era el Señor Jesús quien lo santificó, naciendo en
el seno de una familia. El amor de Cristo Crucificado y Resucitado sostiene,
reconforta, anima y eleva el amor matrimonial de los esposos cristianos. Lo
convierte en un sacramento sobrenatural, en un signo externo de la gracia de
Dios que reciben los esposos al contraer el matrimonio sacramental. Dios dará a
cada uno de ustedes la gracia necesaria para crecer y madurar en el amor, para
triunfar sobre cualquier tentación, para superar el cansancio, la debilidad y la
desilusión que a veces acecha a los matrimonios cuando tratan de sintonizar sus
vidas fielmente con el amor de Dios.
¡Pero no tengan miedo! Abren sus vidas a la gracia de Dios y déjense
llevar por el amor que tiene para ustedes. El plan de Dios sobre sus vidas se
revelará poco a poco. Les permitirá llenar sus vidas de un sentido definitivo
-el de la fecundidad y de la felicidad- a través de su matrimonio. ¡No tengan
miedo! No están solos. Todos sus familiares y seres más queridos están a su
lado dispuestos a darles ayuda y acompañarles en este camino que han emprendido.
También estará con ustedes esta comunidad cristiana. Les acompañaremos con
nuestras oraciones. La oración constituye el tesoro más valioso de la Iglesia
de Cristo. Que Dios les bendiga en este matrimonio y les concede la paz y el
amor que merecen todos los matrimonios cristianos.
Nosotros, como cristianos, creemos que el matrimonio fue creado por Dios
para el bienestar de los seres humanos y la continuación de la humanidad y que
dentro del matrimonio Dios dispuso la institución perfecta de la familia. En la
familia cristiana los hijos nacen del amor mutuo entre los esposos y son
acogidos con alegría. La misión de los padres de familia es cuidar y formar a
sus hijos como buenos cristianos. De esta forma todas las familias participan en
la tarea que nos dejó a todos el Señor – la de evangelizar - o sea, la de
difundir la buena noticia que Dios nos ama y que su reino está entre nosotros.
Por eso es muy importante que Dios sea la base de todas las familias. La familia
cristiana que prescinde de Dios en el matrimonio suele acabar mal. Cuando el
amor conyugal no se basa en el amor a Dios la vida conyugal puede ser
trasformada en una vida egoísta. Por eso, en una de sus cartas a los Corintios
San Pablo les dice que el amor verdadero no puede ser egoísta, sino que debe
complacerse en el bienestar y felicidad de los demás. Un buen cristiano no puede
guardar rencor a su cónyuge ni a sus hijos. Los desacuerdos se deben perdonar lo
antes posible.
La sociedad materialista en que vivimos muchas veces nos trata de
convencer que es necesario mostrar nuestro amor con regalos de gran precio. Sin
embargo, no es así. El amor sólo consiste en pensar en los demás. El matrimonio
verdaderamente cristiano es el que da paz y confianza. Cada uno de los cónyuges
se preocupa del otro y se apoya completamente en el otro. A veces una frase
amable, junto con una sonrisa, da alegría a los que nos rodean. Y es que la
felicidad matrimonial no consiste en tener mucho dinero sino en tener mucho
respeto y mucho amor. El matrimonio cristiano es signo de amor y de unión de
Jesucristo con nosotros, con su iglesia. La fidelidad de Cristo, confirmada con
su muerte por nosotros en la Cruz, debe ser el modelo para el amor de los
esposos que deben permanecer unidos "hasta que la muerte los separe".
La iglesia nos dice que Dios debe estar presente en todos los
matrimonios. Y son los dos cónyuges los que hacen que Dios presida en su hogar.
Por eso es muy importante la oración en el matrimonio. Los esposos deben ir
juntos a misa todos los días que sea posible. Deben rezar juntos algunas
oraciones y también deben rezar con sus hijos. Un antiguo proverbio dice: "la
familia que reza unida, permanece unida".
Los hijos son un don de Dios y un fruto precioso del matrimonio.
Ustedes, con la gracia de Dios que van a recibir en este sacramento de
Matrimonio, cooperarán con Él en la transmisión de la vida: tanto la vida
natural, como la vida sobrenatural. En los hijos, los padres encuentran un
reflejo de su amor y de la unidad de su unión matrimonial. Siempre deben
recordar que cada niño es único y que los hijos siempre son hijos, pase lo que
pase.
Conviene que todos tengamos muy clara la misión de la familia, el
designio de Dios para ella. Hemos sido creados por amor y para el amor. El amor
es el fundamento de la familia. La Biblia nos dice que en el Paraíso Dios Padre
creó al matrimonio cómo un sacramento natural, al crear el hombre y la mujer.
Luego su Hijo Jesucristo elevó el matrimonio a la dignidad de sacramento
divino. Por eso decimos que el matrimonio no sólo consiste en la ayuda mutua y
el remedio a la soledad humana, sino del afecto sereno, la entrega mutua, la
confianza sin reserva, y la fidelidad a quien se ama.
La gracia del Espíritu Santo viene a todos los que celebran el
Matrimonio dentro de la Iglesia. Hace posible que los esposos cumplan los fines
del matrimonio: el amor y la ayuda mutua, la procreación y la educación de los
hijos. Esta gracia que van a recibir hoy y durante toda su vida matrimonial,
les fortalecerá. Pero, como todas las familias, su familia necesita el apoyo de
toda la comunidad para crear un clima de amor, de comprensión y de confianza.
Esta comunidad parroquial les acoge cómo una nueva familia cristiana. Nos
comprometemos a apoyarles si necesitan ayuda. Que el Señor derrame sobre ustedes
su gracia y que sean siempre felices en su amor.
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Buscas Esposo - Esposa Cristiana , Suscribete Gratis , email , javier@buscaparejaeuskadi.com
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